Historia de Papel

En las grandes o pequeñas comunidades, los grandes diarios y los pequeños periódicos de papel van perdiendo poco a poco su fisonomía original. La necesidad de sobrevivir les obligó a adquirir una imagen híbrida, donde la tecnología digital cada día va asumiendo aquellos espacios que alguna vez fueron exclusivos del papel y la tinta. Es verdad, el camino que recorre la información original hasta llegar al receptor ha sufrido una dramática transformación.

 

La metamorfosis tiene muchas caras, la de quienes sucumbieron sin encontrar su nuevo lugar o la de aquellos que encontraron en la misma la oportunidad de crecer profesionalmente.

 

Pero hay un tercer grupo, es el de aquellos que aprendimos con el papel y reciclamos esas viejas herramientas para aprovecharlas bajo el nuevo formato digital. Porque, al final de cada día, el ejercicio de esta profesión se nutre de los viejos conceptos metodológicos, apenas adaptados a una nueva realidad. 

 

En ese aspecto, quienes nacimos en un mundo informativo y aterrizamos en otro, debemos sentirnos seres privilegiados y bendecidos por la posibilidad de unir dos aprendizajes, dos maneras de llegar al lector y por el desafío de crear más historias originales en menos tiempo y bajo un mayor escrutinio social.

 

Y por más que mi historia en esta profesión ha sabido antes de responsabilidades televisivas y radiales o de todos los desafíos digitales en los últimos veinte años, nada iguala al valor del papel en ese recorrido. Mi relación con la tinta y las bobinas o las resmas de papel, nutrió mi amor por este oficio y por sobre todas las cosas me educó en el esfuerzo diario. Me permitió aprender de los errores y crear cada contenido original al amparo de la necesidad que imponía la hora de cierre o las exigencias de un lector que solo aceptaba ser sorprendido por la primicia, la noticia bien redactada o la opinión profunda e influyente.

 

Durante los 80', al comienzo de esta historia, en idénticos o en diferentes momentos, fui corresponsal, redactor, o colaborador remunerado de varios medios. Los artículos que escribía en una pesada máquina Underwood de principios de siglo, aparecían en un par de semanarios que cubrían Lascano y Rocha, ciudades del departamento del mismo nombre (Rocha).

 

Con esa misma máquina redactaba notas y reportajes para los diarios nacionales LA MAÑANA (matutino), EL DIARIO (nocturno) y de manera indirecta al más importante de todos: EL PAIS de Montevideo. También lo hice con dos periódicos brasileños, A Folha de Jaguarão y A Evoluçao de Arroio Grande. Años más tarde repetí la experiencia con otro de esos periódicos del sur de Brasil, O Liberal de Santa Vitoria do Palmar.

A finales de los 80’ afronté la locura de emprender mi propia experiencia empresarial, reviviendo un diario que había dejado de circular ciento cuarenta años antes y llevándome su nombre conmigo para darle una segunda vida en otra ciudad.

 

En los 90', a esa experiencia sumé "mis años de sangre" con el Diario LA REPUBLICA, donde me enamoré de la crónica policial, la investigación, el periodismo denuncia y el valor de la objetividad en el ejercicio de esta profesión.

 

La llegada del nuevo milenio me encontró en Estados Unidos, en el epílogo de mi relación con los diarios. En el sur de la Florida, fundé un periódico comunitario para toda la zona norte de Miami que así se llamó, ZONA NORTE, escribí para otros periódicos locales y fui el primer periodista exclusivo en fútbol que por aquellos años tuvo en su equipo deportivo el DIARIO LAS AMERICAS.

El papel siguió su historia, pero yo la abandoné. La radio, la TV y sobre todo la experiencia digital se tomó todas mis horas. En las breves páginas que acompañan a esta memoria, les amplío la historias con algunos testimonios gráficos de esas experiencias "entintadas".

Conocí la tipografía manual de uno de aquellos periódicos para los que colaboraba; muchas veces sufrí con la falta de plomo en la vieja Linotipo de mi primer diario; fue inolvidable la sensación del primer contacto con mi primera computadora en 1991; aún conservo visible el recuerdo de las cortadas en las manos por causa del uso inexperto de las planchas monocromáticas en la impresión de mi segundo diario o aún me conmueve recordar el dramático final de mi periódico miamense como una consecuencia indirecta del atentado a las Torres Gemelas (2001).

Mi historia de papel tiene "muchas historias" y al contar algunas de ellas, mi intención es, apenas, ofrecerle un merecido homenaje de la memoria a esa etapa de mi carrera.

Fueron veinte años de diarios, de periódicos y miles de noticias escritas. Notas de opinión, denuncias, seguimientos de casos polémicos, miles de imágenes que retrataron muchas vidas o reportajes que contaron sus historias. Parece mucho, pero como todo lo que se disfruta pasó volando por el alma. Volando tan alto que, a los años, el destino me premió con otro desafío en papel, como parte del equipo internacional de una revista que vuela muy alto y llega cada dos meses a 19 millones de lectores en aviones de American Airlines. Ese es el presente y seguramente, algún día será una nueva historia.

Por lo pronto y hasta siempre, mis años de papel son un inolvidable recuerdo lleno de agradecimiento y aprendizajes.

La primera experiencia comunitaria
SEMANARIO LASCANO &  SEMANARIO ROCHA

Uruguay había recobrado su democracia en 1984,  el periodismo recuperó por esos días el derecho a trabajar en libertad y los periódicos locales se abrían camino buscando su lugar en ese escenario. Este tipo de experiencias eran innovadoras, requerían de mucha valentía, exigían de mucha creatividad periodística y la experiencia había que ganarla semana a semana, edición tras edición.

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La primera experiencia nacional
LA MAÑANA, EL DIARIO & EL PAIS

Quien recuerde la segunda mitad de los 80', lo asociará de inmediato con el declive de la música Disco, la llegada de la onda Dance y el regreso de la Disco en los 90. Yo también la recuerdo, pero debo dividir mi asociación de la memoria con el inicio de mi etapa en la prensa nacional. No se si ellos me desubrieron a mí o yo a ellos, pero de una hora para la otra me vi trabajando para tres diarios nacionales al mismo tiempo.

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La experiencia empresarial y comunitaria
            

No recuerdo como germinó el interés, pero un buen día a finales de los 80' me vi involucrado en la búsqueda de una imprenta que aceptara imprimir mi propio periódico, me transformé de una hora para la otra en vendedor de anuncios publicitarios y aquella necesidad de escribir una noticia diaria se volvió otra cosa. Escribir a toda hora, buscar noticias a toda hora, descubrir historias a toda hora y enfrentar la angustia de depender de máquinas que no habían descansado desde mucho antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue una aventura, una locura de duró diez años y una escuela periodística sin igual. Sin filtros, en estado puro o para sintetizarlo de manera más amplia, a lo bestia y sin claudicaciones. Así sobrevivía esa forma de hacer periodismo.

EL FANAL DE RIO BRANCO & EL FANAL DE CHUY
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La experiencia brasileña y la tipografía plana
A FOLHA (Jaguarão), EVOLUÇAO (Arroio Grande) & O LIBERAL (Sta. Vitoria)

Algunos estados de Brasil son un modelo brillante en el desarrollo de su prensa comunitaria. Rio Grande do Sul es uno de ellos y en mi caso, su influencia fue un beneficio. No solo la posibilidad de la interacción social, empresarial y profesional sumó al crecimiento necesario en esta profesión, la inevitable inmersión en las realidades compartidas por los dos países en esas regiones de frontera y hasta la posibilidad de acceder a los mismos recursos educativos de nivel universitario de mis colegas brasileños, convierten esa etapa de mi carrera en otro recuerdo imborrable.

Mis vínculos fueron amplios y profundos. Abarcaron a localidades cercanas a la frontera como Jaguarão, Arroio Grande, Herval o Santa Vitoria do Palmar  y otras lejanas como Porto Alegre o Pelotas, lugares hasta donde se hacía necesario viajar a menudo.

Los pequeños periódicos en la zona sur de Brasil, en general, han sido empresas familiares de mucho arraigo, nacidas a comienzos o mediados de siglo y muy apegadas a sistemas tradicionales de trabajo, tanto en la impresión como en el manejo de su redacción, estilo y contenidos periodísticos.

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El periodismo crítico y la investigación policial
Diario LA REPUBLICA (Montevideo)

Cuando emigré de una frontera a la otra y dejé atrás mis años de trabajo para El País, La Mañana y El Diario, surgió la posibilidad de cumplir la misma función para LA REPUBLICA. En la época el segundo diario en circulación nacional, dueño de un estilo crítico, incisivo, volcado a la crónica roja, a la investigación y en esencia, a romper los esteriotipos del periodismo más conservador de sus colegas.

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El deporte y la experiencia estadounidense
Diario LAS AMERICAS  (Miami - EEUU)

En 1999 mi carrera tomó un giro brusco, 180 grados de una hora para la otra. La idea era desarrollar proyectos periodísticos integrales en Centro América, pero a mitad de camino estaba Miami y la oportunidad de emprender otro camino: el periodismo deportivo en la flamante industria digital. Aterricé en el primer tramo de las primeras plataformas, pero no abandoné el papel. Mi primera experiencia fue en la inexistente sección fútbol del Diario LAS AMERICAS, que por entonces dirigía el conocido periodista cubano Marino Martínez.

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La experiencia comunitaria al norte de Miami
Periódico ZONA NORTE

En el comienzo del milenio la información digital crecía a los tumbos. Mucha inversión, salarios elevados y cero ganancia. Mientras lo digital buscaba su lugar, los periódicos comunitarios lograban sobrevivir al cambio. En ese escenario, nació mi periódico comunitario. Fue una experiencia innovadora, que cayó junto con las Torres Gemelas en 2001.

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