Historia de Papel
El Fanal de Río Branco

A finales de los 80 fundar un periódico de la nada, sin recursos económicos, sin ningún grupo empresarial detrás y confiando en que un buen trabajo periodístico fuera suficiente seducción para los lectores, era poco menos que una misión suicida. Lo supe después, el entusiasmo a veces y por suerte, facilita ese tipo de aventuras alocadas. Primero fue un semanario, que tuvo buena aceptación y poco tiempo después se transformó en un diario que solo descansaba los domingos. Hubo que trasladar desde Montevideo todo el viejo equipo encabezado por una linotipo, ya obsoleta en las grandes capitales donde se imponía  la impresión  de litografía offset y la composición electrónica, pero aún útil en quellas pequeñas localidades donde dificilmente alguien imaginaría que sería posible editar y distribuir una edición diaria.

El experimento empresarial dejó angustias y enseñanzas por igual. No era fácil depender de máquinas con casi un siglo de antigüedad que a menudo rompían piezas y se carecía de respuestos, había que inventarlos. Felizmente, al tiempo me invitaron a cambiar al sistema computarizado que poco a poco ganaba terreno y no dudé en cerrar el taller, pasando tarabajar en el garage de mi casa. La primera edición de EL FANAL, había sido circulado en 1855, yo fundé su cuarta edición y cuando emigré me llevé ese nombre conmigo. Así se llamaría mi próximo periódico.

 

El Fanal de Chuy

La historia del nuevo nuevo Fanal empezó en 1993 y terminó a finales de la década, cuando emigré a EEUU. Tenía el mismo nombre, pero se parecía poco al periódico anterior. Comenzó apareciendo de manera semanal, con un formato pequeño y subtitulado con un cariñoso apodo promocional, "El Diarito".  Al inicio me encargaba de toda su pre-edición y ya listo lo enviaba para impresión final a las rotativas del Diario El Popular de Pelotas (Brasil). Luego cambié su formato, lo adecué al offset y lo imrpimían en los talleres de Diario El Este de la ciudad de Rocha, hasta que en tramo final de su existencia se imprimió con impresora propia.

El mayor valor de esa eperiencia radica más que nada en el concepto editorial del periódico. Se dividió en secciones y acostumbró al lector a identificarse con su estilo. Atendió el quehacer comunitario desde todos los ángulos y le otorgó al habitante común, de los centros poblados o el campo, la sensación de protagonismo a través de un medio neutral, independiente y comprometido directamente  con las necesidades de sus lectores.

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